Cocina

Desayuno Irlandés es la mejor comida para degustar

El famoso desayuno irlandés, con abundante comida, está pensado para uno de esos días en los cuales se espera una fuerte jornada. Aunque se diseñó para un país frío, con exigentes requerimientos calóricos y energéticos, cualquier excusa es buena para disfrutarlo.

Sobre todo un día en el cual la hora de almuerzo se prolongará más allá que de costumbre o un fin de semana, cuando se pegan las sábanas y cuesta salir de la cama. Al alcanzar esa meta, pues solo provoca un brunch bien cargado, uno de esos que no dejan nada por fuera.

Desayuno irlandés

La papa es la reina de los platos en Irlanda, su presencia en el desayuno abunda. Esta va acompañada por huevos, salchichas, puddings o morcillas (negras o blancas), frijoles rojos, tomates y pan de soda. A veces se sustituye la morcilla por hígado o tocineta. Casi todo es frito en mantequilla, de allí su alto contenido calórico. Como bebida, generalmente se toma té negro solo o con leche y jugo de naranja.

Las adaptaciones son válidas, sobre todo para los amantes del café, pero vamos con lo principal.

Papas y huevos fritos

Tanto las papas como los huevos se preparan fritos en mantequilla, pero hay detalles que se deben atender. Uno muy importante es picar las papas delgadas, en tiras, para que estén crujientes. Otro es que al freír los huevos, las yemas deben quedar líquidas para poder disfrutarlas con el exquisito pan de soda.

Pudding o morcilla negra y blanca

Por lo menos una rebanada de morcilla negra y otra de la blanca están presentes en esta primera comida del día. Las recetas varían, algunas incluyen cebada, pan rallado y harina, otras sólo avena, pero casi todas se parecen. Lo importante es la sangre de cerdo fresca para la morcilla negra. La morcilla blanca es una variedad, hecha sin sangre de cerdo y agregando un poco de hígado bien picadito.

Las que venden de forma comercial se fabrican en envolturas de salchichas, la receta a continuación es una adaptación, hecha en casa y en un molde.

Ingredientes

4 tazas de sangre fresca de cerdo (para la morcilla negra)
2 1/2 cucharaditas de sal
1 1/2 tazas de avena fina
2 tazas de grasa de cerdo cortada en trozos delgados (o de ternera)
1 cebolla grande, picada en cuadritos pequeños
1 taza de leche
1 1/2 cucharaditas de pimienta negra recién molida
1 cucharadita de pimienta de Jamaica

Preparación

Precalentar el horno y engrasar dos envases para hornear largos, de tamaño mediano. Mientras, mezclar una cucharadita de sal en la sangre.

Hervir 2 1/2 tazas de agua y revolver en ella la avena. Cocinar a fuego lento, revolviendo de vez en cuando, durante 15 minutos, hasta que esté cocida, no blanda.

Colar la sangre a través de un colador grande y fino para eliminar los bultos. Agregar la grasa, la cebolla, la leche, la pimienta negra, la pimienta de Jamaica y 1 1/2 cucharaditas de sal. Añadir la avena, mezclar y dividir en dos. Colocar cada mitad sobre los envases, dejando espacio en las puntas (que el contenido ocupe solo tres cuartas partes) y hornear durante una hora, hasta que esté firme. Enfriar completamente, retirar del envase y sellar con papel plástico. Se debe esperar 24 horas antes de usar, se puede congelar para uso prolongado o almacenar en la nevera hasta por una semana.

Para servir, cortar rebanadas de 1 centímetro, formar cuadraditos y freír en mantequilla o aceite hasta que los bordes estén ligeramente crujientes y dorados.

Fuente: http://informe21.com

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