Crianza
Parents and child

Los padres y las madres no nacen, se hacen, se construyen. Sin embargo, la cultura prefijó durante mucho tiempo mandatos demasiado rígidos: las mujeres por “instinto” a parir y criar; y los hombres a proveer y disciplinar “deber paterno”. La cuestión es que cada uno de nosotros perdió la mitad de sus vivencias en ese camino. Varias mujeres renunciaron a sus potencialidades laborales y profesionales; y la mayoría de los hombres encontraron negado el acceso a su propia capacidad nutricia, afectiva y a su sensibilidad.

Pero en la presencia, y pudiendo intercambiar los roles de la crianza de los hijos, el hombre también puede descubrir también su “instinto”; y en la elección la mujer puede decidir cuáles son sus “deberes”.

Los adultos que conviven con el niño tienen que dialogar, y acordar respecto de los límites del hogar para luego ser consecuentes con lo que se les permite y se le prohíbe, y también respecto a cómo se aplicarán tales límites. Hay que ser claro y cuidadoso con las sanciones, porque si éstas no se llevan a cabo adecuadamente o no se corresponden con su edad, el niño no aprenderá lo que es bueno y malo tampoco sabrá distinguir entre lo correcto y seguro, y lo incorrecto y peligroso.
Por supuesto, siempre se trata de darle al niño la idea de que no es perfecto, pero que tampoco tiene que serlo para ser amado y aceptado por sus padres.

Es necesario crear un ambiente favorable que no inhiba la necesidad del niño de estar activo. Si estas condiciones de seguridad no se han previsto, se estará limitando aquello que es parte del desarrollo normal. Con esto se hace referencia a un espacio donde pueda jugar, tocar y desplazarse sin peligros.

Crianza

  • Ante una pataleta, establecer los límites de su actitud con voz tranquila, pero firme. Permitirle al niño que llore indicándole que lo haga en su habitación y que cuando esté listo, regrese a donde están todos. “Juan. Si querés llorar o descargarte, andá a tu cuarto y volvé cuando estés listo y tranquilo. Yo te estaré esperando aquí”.
  • Ante un berrinche, si está en la clase o junto a un grupo de niños, apartarlo del grupo hasta que se calme, y explicarle con un mensaje claro y conciso que esa es la consecuencia lógica a su acción. “Tomás. Los chicos están realizando una actividad y no pueden hacerla si te portás así. Por favor, salí del grupo y cuando estés listo y tranquilo, volvé que estaremos acá esperándote”.
  • Si en el ataque de bronca, tiró la ropa o los juguetes u otras cosas, desarrollar una conducta reparadora invitándolo a participar en la reposición del daño causado. “Nico. Ahora que estás tranquilo, vení que vamos a arreglar el cuarto para que quede como antes”.
  • Utilizar siempre el lenguaje gestual como ayuda, la distancia o cercanía, el tono de voz firme o más suave, la postura, etc, que también expresan comprensión, tranquilidad, cariño.

Fuente: materna